Esperanza más alla del dolor
Chiara, Anna y Marianna con una paciente de la clinicaMilciádes es un niño de 9 años con una enfermedad que le afecta la cabeza. Los médicos se han dado cuenta que su materia celebral es mínima. Los niños con esta enfermedad, si no reciben tratamiento, mueren en dos años. Por ello, el caso de Milciádes es veraderamente particular dado que él reacciona cuando se le habla y sonríe. Antes de ingresar en la clínica, el padre lo forzaba a pedir limosna. Marianna todavía recuerda su primer encuentro con él: «La primera vez que lo ví estaba en su cama tumbado con la mano completamente paralizada, sin hablar y sin moverse. Lo que he visto con mis ojos me impactó tanto que por una semana completa no podía acercarme a su cama. Después de unos días a él le vino la varicella y por ello tuvieron que trasladar a la niña de 5 años que era su compañera de habitación dejando a Milciádes solo. De este momento comenzó a llorar y no tenía consuelo. Por eso un día motivada por el deseo de aliviarle, al menos un poco, su dolor, me acerqué a él e hice la primera cosa que me vino en mente: le canté una canción, la unica que sabía en castellano y que él podría entender: “Porompompero”. Milciádes comenzó a reír. Al pasar los días bastaba que yo me acercase a su cama y decirle: “Hola Mili”, que él sin aún p;oder verme comenzaba a reirse y a buscarme con su mano. Todo esto es increíble: un niño con su enfermedad normalmente no puede responder al estímulo. En aquel momento entendí el poder con que Cristo se nos manifiesta».
Marcos, un hombre de 40 años, está enfermo de SIDA. Las chicas recuerdan sobretodo un aspecto: la insistencia con que pedía que se le hiciera una foto. «En toda su vida – nos explica Chiara – nadie le ha hecho una foto. Pero la sonrisa con la cual pedía que se le hiciera la foto suscito en nosotras una reflexión en un particular: Este hombre no le tenía miedo a la muerte». Siempre nos decía: «El paraíso ya lo he encontrado aquí y por eso no me da miedo lo que pueda venir después».
Mariela y su marido el día de su bodaMariela tenía 31 años, dos hijos pequeños que le habían nacido de la union con el hombre con el cual convivía. Tenía un tumor en el seno, pero poco a poco el cancer le llegó a los huesos y al celebro. Los primeros días Mariela no hablaba con nadie. Estaba muy enfadada. Después de dos días comenzó a sonreír. Al final le pidió al padre Aldo que celebrara su matrimonio en el hospital. Murió pocos días después con las uñas pintadas, el cabello lavado y peinado, perfumada, y vestida todo de blanco. Murió sonriendo. «Había comprendido – nos cuenta Marianna – que la gracia recibida en este lugar valía más que la vida misma».







