«Junto con Él y con vosotros»
Publicado por Alfredo Fecondo el 13 f 2012 ·
Queridísimo Massimo, Esta mañana, domingo 30 de Octubre, iba a Akadem Gorodok (la ciudad universitaria de Novosibirsk N.d.R.) para celebrar la Misa. Arrobado por el paisaje transfigurado por la primera nevada, me preguntaba si, a lo mejor, este no fuera el brillo de un corazón alegre. Después de Misa se reunión conmigo Iana, una chica que nos encontró hace algunos meses en la universidad, donde sigue el tercer curso de Letras y estudia italiano como primera lengua extranjera. Ve su familia una vez al año. Ellos viven en Lensk, ciudad jakuta de 24.000 habitantes, a 2000 kilómetros al noreste de aquí, unos de esos sitios donde durante el largo invierno solo se puede llegar en avión. Su padre cría caballos. Ella los adora. Por desgracia no puede gozar de ellos como quisiera, por la distancia, pero, sobretodo, por los graves problemas de movilidad y de equilibrio físico: cuando camina, parece que a cada paso esté a punto de caer o que mueva una especie de muro invisible. Hoy vino a pedirme de poder recibir el bautismo. SU familia, ni ateos ni creyentes, no le dieron ninguna educación religiosa. Le pregunto por las razones de esta petición y ella me dice: «Porqué quiero estar junto con Él y con vosotros». Amigos, ¡que sobresalto! Nunca le había oído decir una palabra religiosa como Dios, Jesús, Él, etc.. Pero en aquellas palabras «quiero estar junto con Él y con vosotros», hay algo carnal, eterno, insondable, sublime. Intensos momentos de silencio. Despierta en mí el recuerdo de algo que dijo Giussani sobre San Pablo y el don del Espíritu. Le pregunto: : «¿Puede un perro entender un hombre que sufre?». Y ella «Lo puede consolar». «Sí, pero no puede entenderlo, porque no tiene su espíritu; de la misma manera, el hombre no puede entender a Dios sin Su Espíritu». Le pregunto si tiene una Biblia. «No, sólo tengo un Evangelio». «¿El Nuevo Testamento?», «Sí». «Entonces, prueba a buscar el tercer capítulo de la carta a los Gálatas. Hacía el final del capítulo, san Pablo usa una palabra más verdadera de aquella, aunque correcta, que has usado tu. Tu has dicho: estar juntos, él dice esto mismo, ¡pero de una manera incomparablemente más grande! Esto muestra claramente la diferencia antes mencionada entre perro y hombre, entre experiencia humana y experiencia cristiana. Luego vamos a hablar». Querido Massimo, aún estoy sorprendidísimo de este don y de este descubrimiento. Y cuanto más pienso en ello, más siento una gratitud inmensa pro la vocación y la misión aquí. ¡Gracias a ti! Un abrazo Tuyo Fec







